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viernes, 11 de septiembre de 2009

Discos clásicos: Sea Change, de Beck

Si algo nos enseñó el inigualable Nick Drake, es que la tristeza no sólo puede expresarse de las formas más bellas, si no que estas expresiones pueden tener un efecto casi paradójico: alegrarnos la vida. Y esta lección Beck la aprendió de manera notable para su disco de 2002, Sea Change. Un artista acostumbrado a navegar el eclecticismo musical y la ironía lírica, Beck entregó aquí un trabajo emocionalmente franco, despojado de sus habituales poses y efectismos. Lo escuchado en Sea Change, resultante directo de la separación de Beck de su mujer en la vida real, es música melancólica y triste, pero cuya belleza es esperanzadora. Además, Beck hunde de lleno la cabeza en su dolor, utilizando su sufrimiento para crear letras abiertas, frontales, empapadas de congoja pero no de rencor. No por nada el disco se llama Sea change ("cambio de marea"). Beck nos habla de una etapa de cambios. Dolorosos, sí, pero inevitables y, por más difíciles que sean de atravesar, superables. De hecho, el disco abre con The Golden Age ("La edad dorada"), donde Beck dice "poné tus manos en el volante, dejá que comience la era dorada". O sea, tomá las riendas y mirá para adelante, que se viene lo mejor. Ok, en la misma canción aclara: "Estos días raramente sobrevivo/Ni siquiera lo intento". Es un camino espinoso, sin dudas... Para Beck, la música es su catarsis, y él la usa para elevar su estado de ánimo, y con ello su arte. Desde ya que muchos tramos de este meloso y melodioso viaje deparan segmentos de aflicción, que por momentos rozan la auto compasión ("Son sólo mentiras lo que estoy viviendo/Son sólo lágrimas lo que estoy llorando/Es sólo a vos a quien estoy perdiendo/Supongo que me está yendo bien"). La tristeza es un estado natural, y Beck lo transita de la forma más speranzadora: creando algo hermoso.
Musicalmente el disco se nutre de la balada acongojada, un poco en la línea de Jeff Buckley, aunque no alcanza aguas tan profundas como las del alma torturada del desaparecido hijo de Tim. Lo que sí es indudable es que Beck canta aquí como nunca lo había hecho antes, llegando a notables niveles de emoción gracias a su calidad interpretativa. Por otro lado, Beck no puede evitar algunas vueltas de tuerca musicales, en especial teniendo como productor al genial Nigel Godrich, quien posee esa capacidad para darle a cada disco que produce una entidad única y homogénea. Los sutiles arreglos, ya sean de cuerdas, sintetizadores o percusiones, son ajustados, jamás buscando imponer la emoción que las canciones generan por derecho propio. Como siempre, lo de Godrich es intachable.
En suma, Sea Change es un disco indispensable. Es el último gran disco que Beck editó (luego caería en una meseta de la cual recién en su última producción entregó signos de recuperación), cerrando una década brillante iniciada por Mellow Gold en 1994. Es el disco distinto de Beck y, paradójicamente, el mejor. Al escuchar discos "bajoneantes" como Sea change, uno no puede dejar de pensar "¡qué alegría poder estar así de triste!"
En el audio de nuestro último programa, del jueves 10 de septiembre, pueden escuchar nuestro homenaje a este disco brillante.

martes, 4 de agosto de 2009

I'm going away: el nuevo viaje de Fiery Furnaces


Los Fiery Furnaces son, sin lugar a dudas, una de las bandas más originales, prolíficas e interesantes del pop/rock actual. Liderados por los hermanos Matthew y Eleonor Friedberger, han venido desafiando al público con trabajos realmente inclasificables. En su discografía podemos encontrar extensas composiciones (de 8, 9 ó 10 minutos) con ritmos cambiantes y letras extravagantes sobre temas tan disímiles como la Guerra Civil Española, la vida en altamar, perros que huyen de sus dueños o la trata de blancas. Lo cierto es que esta extrema originalidad puede ser vista como un pro y una contra, ya que a veces pareciera que los Friedberger tienen demasiadas ideas para su propio bien. Es como si tirasen muchos ingredientes en la mezcla, llegando en algunos casos a abrumar a quien los escuche.
Pero para su último disco I'm going away decidieron bajar un par de cambios, logrando el trabajo más accesible desde su debut Gallowsbird's bark (2003). O sea, quien no logre asimilar este disco, que ni intente escuchar trabajos más complejos como Blueberry boat o Bitter tea. Si bien los Furnaces mantienen su original enfoque musical, aplicando extraños giros de estilo, las canciones aquí son más inmediatas y concisas. No hay en este disco intrincadas composiciones que varíen de ritmo permanentemente. Esta vez, han elegido el camino de la melodía más accesible, de la balada elegante. Esto, como dije, no quiere decir que la música de I'm going away sea carente de originalidad. Eso es algo que esta banda sigue teniendo a montones. Pero sí estamos ante un disco que se puede escuchar sin rascarse la cabeza ni frunciendo el ceño en ningún momento. Dejando un poco de lado su extravagancia habitual, los Furnaces demuestran su facilidad melódica y fluidez musical. Y en el medio de todo está la expresiva voz de Eleonor, una gran cantante e intérprete que "actúa" sus canciones, lo que hace que en muchos momentos parezca estar en medio de una ópera rock. La presencia del piano de Matthew en casi todos los temas contribuye a este sonido tan teatral.
En conclusión, un muy buen disco que puede ser un interesante punto de partida para quien no conozca nada de esta banda. Si disfrutan de este álbum, pueden comenzar a transitar el resto de su compleja discografía.
Ya sean más o menos extravagantes que de costumbre, los Fiery Furnaces continúan destacándose como una alternativa distinta y de calidad. Desde aquí, lo celebramos.
De yapa, les dejamos los primeros cuatro temas del disco. De nada.

8 fugazzetas




jueves, 25 de junio de 2009

Preliminaires: Iggy se puso meloso

Un voz grave, trasnochada, recitando en francés, nos recibe. De fondo, un gentil órgano y un suave redoblante sirven de base. El sonido nos traslada a un café parisino en los años 70, con intelectuales hablando de política, cine y literatura, mientras fuman y se toman un whisky. No, no se trata de un disco de Serge Gainsbourg, sino del último trabajo de la Iguana del rock, el señor Iggy Pop. Así es, Iggy se cansó del rock pesado (dijo estar "podrido de los salames que agarran una guitarra y gritan") y armó un disco muy particular, en el que navega por aguas distintas a las habituales. Se trata de un trabajo que toma su principal influencia de los crooners, yendo de la chanson francesa a la música de New Orleans, pasando por la bossa nova (hay una versión de "Insensatez", de Vinicius y Jobim). Al escuchar el disco, nombres como Gainsbourg, Scott Walker, Leonard Cohen y Tom Waits vienen a la mente. De todas formas, no todo aquí es terreno nuevo para Iggy. Algunas de las canciones, más en el molde de cantautor trovador, hacen recordar a trabajos suyos solistas ("She's a business" bien podría haber sido parte de American Ceasar), aunque sí hay un trecho de distancia con el rock rabioso de los Stooges.
Según sus propias palabras, Preliminaires está influenciado por el trabajo del escritor Michel Houellebecq, específicamente su libro "La posibilidad de una isla". De hecho, una de las canciones directamente lo parafrasea ("A machine for loving").
La conclusión es que no es un disco redondo ni magistral. Se trata sólo de un dinosaurio del rock que tenía ganas de cambiar un poco. Y si bien Iggy no iguala ni hace olvidar a sus influencias, sí logra un más que interesante trabajo. Sus mejores momentos están cerca de lo genial, y los peores se toleran bien. Vale la pena.

7 Damiancitos

miércoles, 27 de mayo de 2009

Further Complications: lo nuevo de Jarvis Cocker

Luego del más que aceptable Jarvis (2006), el sarcástico ex líder de Pulp sorprende con su segundo disco solista. Cocker decidió subir la apuesta, se juntó con el productor Steve Albini (Nirvana, Pixies) y creó un verdadero disco de rock. Los resultados, como dije, sorprenden. No porque el inglés no tenga talento (le sobra), sino porque se atrevió a hacer algo totalmente distinto a lo que había hecho hasta ahora. Y le salió más que bien. Es un trabajo muy al palo, con una clara influencia de Nick Cave, y con un Jarvis en plena forma vocal y lírica, con sus habituales observaciones agudas. Pero Cocker no se olvida de las baladas, entregando un par de lentos memorables.
Acá les dejo un breve comentario sobre cada una de las canciones.

  1. Further complications: una canción bien rockera, con guitarra, bajo y batería al palo. Marca el tono para lo que seguirá después y es la primera en la que se vislumbra la influencia de Nick Cave.
  2. Angela: sigue en la línea de la anterior. Armada sobre un persistente riff de guitarra cuya fuerza lleva adelante a la canción y compensa la falta de una melodía memorable.
  3. Pilchard: en este tema cuasi instrumental (Jarvis sólo balbucea unos sonidos guturales) la velocidad no decae, con una batería que domina el sonido y riffs de guitarra que van y vienen, un poco a là Gang of four.
  4. Leftovers: aparece la primera (gran) balada del disco. Típica de Jarvis, con su habitual teatralidad, cantando, recitando y susurrando la letra. Uno de esos casos en que el intérprete hace a la canción mejor de lo que es.
  5. I never said I was deep: sin solución de continuidad, Cocker nos agarra con la guardia baja y nos zampa otra gran balada. Aquí, hace gala no sólo de su elegante forma de cantar, sino de su habitual ironía. “Nunca dije que era profundo / Pero soy profundamente superficial / Mi falta de conocimiento es amplia / Pero mi horizonte es angosto”. Claro que no le creemos ni media palabra.
  6. Homewrecker!: un temazo. Una mezcla entre Morphine, con un saxo al palo, y Nick Cave, en el que Jarvis termina aullando como nunca antes, tirando a la mierda su elegancia en favor del alarido rockero.
  7. Hold Still: de regreso a la balada, éste tal vez sea el tema menos destacado. Una relajada melodía, con arreglos suaves de guitarra, piano, batería y coros. No está mal, pero suena medio transicional en el contexto del disco.
  8. Fuckingsong: otro tema al palo. Batería al frente, y otro riff de guitarra que lleva a la canción de la mano.
  9. Caucasian blues: más rock, lo que llegando casi al final ya confirma la naturaleza del disco. Otra buena muestra de que Jarvis tenía bien claro el tipo de trabajo que quería lograr. Y de que sabía cómo hacerlo.
  10. Slush: distinta al resto, esta canción tiene un sonido etéreo, con guitarras que fluyen sutilmente detrás de la voz de Cocker. Me hace acordar un poco a The Jesus & Mary Chain.
  11. You’re in my eyes (Discosong): una rareza. El tema que cierra el disco dura casi 9 minutos y es una especie de balada entre elegante y cool, mezcla de Cave, Steely Dan y Barry White, que bien podría llevar la firma de Mike Patton.

En conclusión, un gran trabajo. Y con cada escucha me gusta más. Creo que va a estar entre mis favoritos de este año. Ojalá que Jarvis salga de gira a presentarlo. Y que si viene a Argentina yo pueda ir a verlo, no como la vez anterior, que me lo perdí por estar de vacaciones. Agendas encontradas, la mía y la de Jarvis...
Le doy 8 Damiancitos.